Deforestación, soja e inundaciones: ¿Por qué la primer lluvia afectó tanto en Anta?

Las inundaciones son fruto de prácticas que perjudican al ecosistema y a las poblaciones que habitan zonas de siembra y aledañas. El departamento Anta concentra más de la mitad de la producción de granos salteña. El modelo de la agricultura en debate. 

 

La tierra no absorbe el agua de lluvia y ésta, por consecuencia, tiende a fluir arrastrando lo que a su paso encuentre, incluso personas. Esto sucede principalmente por la deforestación en la zona. Y es lo que ocurrió en Apolinario Saravia, Luis Burela y General Pizarro, localidades del departamento Anta, al interior provincial. Se estima que al cierre de esta nota entre 300 y 400 personas fueron evacuadas siendo asistidas por los municipios más cercanos (Aguas Blancas, Orán, Las Lajitas, entre otros), vecinos de distintos puntos de Salta y múltiples dependencias de Defensa Civil. Con el pasar de las horas el agua acumulada por los 400 mm de lluvia que cayeron habría bajado. El periodista Carlos Siles, desde Apolinario Saravia, dijo a este medio que los barrios más afectados fueron El Obraje 1, 2 y 3 y señaló como algunas de las causales obras inconclusas en el municipio y la tala de árboles alrededor.

¿Por qué las primeras lluvias de temporada traen semejantes consecuencias? ¿Cuánto tiene que ver la actividad productiva de Anta? ¿Se podrían evitar las inundaciones? ¿Cómo?

La deforestación de los bosques es tan sólo el inicio de una serie de causales que desembocan en las inundaciones que padecen los pueblos radicados en zonas de siembra y localidades aledañas: en Anta se produce más de la mitad del trigo, el maíz y la soja del total provincial. Sin embargo, los afectados de Apolinario Saravia son, en su mayoría, pequeños productores de pimiento, tomate, sandía, cebolla y zapallos. El agua no penetra: corre y arrastra esperanzas. El uso de agrotóxicos para eliminar malezas o bichos en los sojales, la tala de árboles y la compactación del suelo son parte de una actividad que deja beneficios económicos para los productores de granos y comerciantes de la madera y lamentos para los pobladores de la zona y alrededores. Si bien la incursión en el monocultivo no necesariamente conlleva la tala indiscriminada de árboles, son prácticas que lamentablemente se volvieron inseparables.

Topadoras preparadas. Una de las causas principales de que las lluvias se transformen en inundaciones es la deforestación de bosques que hacen al ecosistema. Según un estudio realizado por investigadores locales, entre ellos el doctor en Ciencias del Medio Ambiente, Lucas Seghezzo, en los últimos años la tasa de deforestación en la región del Chaco Salteño fue la más alta del mundo. En la provincia se desmontó el 2,5% de los bosques nativos por año, superando la media global (0,20%) e incluso el promedio latinoamericano (0,51%).

La deforestación del Chaco Salteño 2004-2015” (2), un informe elaborado por Andrés Leake, Omar Enrique López y María Cecilia Leake para la Fundación Refugio en base a la convocatoria de audiencias públicas, señaló que la superficie deforestada a causa de proyectos para el cambio del uso del suelo (PCUS) alcanzó a 1.252.978 hectáreas de las cuales un 36% se concentró en Anta, un 24% en San Martín y un 20% en Rivadavia.

                                                                                                                              
Deforestación en el Chaco Salteño 2004-2015 – Andrés Leake, Omar Enrique López y María Cecilia Leake

El municipio Apolinario Saravia, el más afectado recientemente, aportó 4.925 hectáreas deforestadas al total provincial, siendo la localidad cabecera del departamento, Joaquín V. González, quien lidera el podio con 257.234 Ha., seguida por Rivadavia con 164.161 Ha. y El Quebrachal con 147.012 hectáreas tumbadas por las máquinas

                                                                                                                                  
La deforestación en el Chaco Salteño 2004-2015

Los casos de tala ilegal en el interior de Salta son moneda corriente. Existen dos casos para compartir en este escrito que fueron denunciados por la organización ecologista Greenpeace. El primero tiene que ver con la deforestación de casi 3.000 hectáreas, casualmente en Apolinario Saravia. La ONG denunció a la finca La Moraleja S.A. y a la empresa de bebidas Sprite y, luego, una de las más importantes certificadoras ambientales del mundo, la Rainforest Alliance, decidió quitarle el certificado de la Red de Agricultura Sostenible confirmando los desmontes en 2010, 2011 y 2014. Se le ordenó a la empresa de gaseosa y a la firma de capitales españoles que produce limones para Estados Unidos y Europa su reforestación. La Moraleja es, además, la empresa cuyo dueño, Angel Sanchís, fue denunciado por presunta participación en una red de lavado de dinero; los lazos del extesorero del PP de España llegaron al interior salteño por lo que habría sido una “estructura contable y financiera” de la actividad ilícita.

Otro caso de desmonte ilegal, más reciente, es el que involucra al banquero Jorge Brito: su empresa agropecuaria Inversora Juramento S.A. taló 700 hectáreas de bosque nativo, denunció Greenpeace. Lo hizo en las fincas Jumealito, Pozo del Breal y Pozo de la Pichana. El gobierno de Juan Manuel Urtubey confirmó lo señalado por la organización ecologista internacional pero bajó la cantidad a 500 ha. Así hayan sido veinticinco o 4.200 hectáreas, la Ley de Bosques prohíbe talar árboles que se ubiquen en zonas protegidas. Pero con tan solo cambiar el color en el mapa “habilitan” a las topadoras su avance.

Naturaleza y Humanidad. Las condiciones de Anta permiten la producción de maíz, soja y trigo, actividad por la cual Salta genera ingresos por alrededor de 720 millones de dólares por cosecha, lo cual equivaldría a más 15 mil millones de pesos a valor actual de los granos. Los datos desprenden de una publicación de la Bolsa de Comercio de Rosario (1) que, además, estimó en junio que la Provincia aporta el 3% de la producción de maíz a nivel país y el 2% de la de soja, lo que representa el 98% de las 2,7 millones de toneladas que se produjeron junto a Jujuy en la última medición de 2016/2017.

Asimismo, desde la BCR resaltan que “el departamento de Anta acapara el 53,42% de la producción provincial de los tres principales granos, con 1,4 millones de toneladas. Es el más productivo de dicha provincia en estos tres cultivos”. El saldo de 1.428.542 toneladas de maíz, trigo y soja cosechadas en Anta se complementan con las 502.496 del departamento General José de San Martín, las 337.406 de Metán, las 319.910 de Rosario de la Frontera y en menor medida localidades como Orán, General Güemes, La Candelaria, entre otras.

Las condiciones climáticas varían con el tiempo y, por tanto, las lluvias también. Son reacciones al trato que le da la sociedad con sus actividades. Por ejemplo, podría darse una intensificación de precipitaciones al inicio de la época de lluvia y acumular así la mayor parte de los milímetros de agua proyectada a caer en la totalidad del período. Es decir, si en Apolinario Saravia caen regularmente 600 mm de diciembre a febrero y un año eso cambia y caen 400 mm en cuatro días, el resto se distribuiría en los próximos meses, salvo incremento de lluvias. Pero lo que más contribuye a las inundaciones es el tratamiento de los suelos y el cuidado a los bosques que rodean a las localidades. Es cierto que en Anta también se producen cítricos, pero la actividad sojera es la que, al parecer, más entusiasma a los grandes terratenientes. Sin embargo, son los pequeños productores quienes se ven afectados: aquellos trabajadores de la tierra a pequeña escala que se enfocan en los zapallos, sandías, cebolla, pimiento y tomates.

                                                                                                                                    
Tabla de la Bolsa de Comercio de Rosario

La depredación de los recursos naturales abre el juego, a su vez, a grandes entidades privadas que manipulan las semillas y los suelos con el fin de adaptar y potenciar la producción de ciertos cultivos. La transnacional Monsanto sabe bien sobre esto. El ingeniero agrónomo e investigador de Conicet, Gastón Gutiérrez, explicó a BUUFO en otra oportunidad: “En Argentina, más en el norte, se hace mucho monocultivo: siempre sembrás la misma semilla, la misma especie y usás la misma cantidad de agroquímicos. Esto genera la adaptación, por ejemplo, de las malezas y de las plagas y que tengamos que utilizar agroquímicos más fuertes y más contaminantes para el suelo”. 

Además, Gutiérrez señaló que “últimamente se favorece mucho a los grandes pooles de siembra con variedades que son privadas” lo cual ha provocado que el monocultivo sojero gane terreno sobre la ganadería. Hacia 2013 la soja acaparó- según información del Ministerio de Ambiente y Producción Sustentable– 608.620 hectáreas, muy por encima del poroto (245.855 Ha.)  y del maíz (168.645 Ha.). Es muy probable que dicha extensión haya aumentado con el correr de los años atendiendo al incremento de la tasa de deforestación (aunque no fuere, pongámosle, una condición de la siembra de soja) y la pelea por la productividad en el sector.

 

                                                                                                            
                                                                                                                     Apolinario Saravia desde Imagen Satelital

Vientos de época. La composición de los dueños de la tierra en Argentina se acomoda a los procesos sociopolíticos. Aquella oligarquía vacuna que se hizo de sus tierras con la mal llamada campaña del desierto ahora debe competir por las ganancias con los empresarios extranjeros que multiplicaron sus tentáculos cuando el modelo productivo neoliberal de los noventa comenzaba a erigirse. El mercado mundial exigió mucha materia prima, como cuando Argentina se convirtió en el “granero del mundo” por los albores de 1920, y el gobierno de la primera Alianza promovió la desindustrialización local y la extrajerización de los recursos.

La explotación de los suelos salteños responde a un modelo productivo de extracción y explotación de los recursos naturales y cero sustentabilidad ambiental. La actividad encuentra razón en un proyecto político que pondera en su modelo económico la exportación de comodities al mercado internacional y beneficios a los sectores agropecuarios a través de la eliminación de las retenciones, primero, y la re-regulación a la baja después (tributación en pesos y venta en dólares es igual a más ganancias privadas y menos recaudación estatal).

En una ecuación simplificada: a mayor producción tradicional del monocultivo sojero, mayor destrozo del ecosistema; y cuanto más destruido esté el medioambiente, peores serán las consecuencias climáticas que afecten a la población. Los problemas están a la vista: negocios y casas inundadas, animales desaparecidos por la corriente del agua y una zona transformada en un caldo de cultivo de enfermedades. Los civilizados imponen un progreso que no es tal y demuestran qué tan salvaje puede ser su modelo.

 

                                                                                                             
                                                                                                          Inundación en Apolinaria Saravia – Foto: Conti Lopez Medina

¿Es posible mejorar el modelo? Algunos sectores hablan de los “beneficios” que trae la siembra directa de la soja sin labrar la tierra con rastra de discos, por lo que se conservaría mejor el agua y, así, mejoraría la producción. Es una verdad relativa: depende desde dónde se la mire. Si nos servimos de ese análisis nos olvidamos que la expansión de la frontera agrícola del monocultivo sojero desplazó a la actividad ganadera y que sus modificaciones genéticas afectan a consumidores y beneficia a empresas extranjeras. Por el contrario, existen posiciones críticas al modelo de agronegocios con productos peligrosos para la salud y el medio ambiente.

“Una agricultura basada en la soja como monocultivo no alcanza para mantener en producción estos ambientes tan frágiles como los del NOA por más siembra directa que se practique, incluso aunque esporádicamente se rote con algún maíz”, dijo el ingeniero Rodolfo Gil en el Congreso Tecnológico CREA 2014. En ése misma jornada, que se desarrolló en simultáneo en tres grandes ciudades, el investigador de temas ambientales del Conicet, Esteban G. Jobbágy, señaló la necesidad de cambiar el rumbo de la agricultura hacia una actividad que atienda a los cuidados al ecosistema, la producción sana de alimentos y un impacto social que garantice trabajo digno. Jobbágy apuntó a un compromiso que busque “usos más inteligentes” y que comprenda “los reclamos ambientales de la sociedad y estar dispuestos a aprender mientras hacemos”.

Se trata, como dijeron, de cambiar hoy para mejorar mañana; es necesario construir un modelo sustentable desde los aspectos ambientales, económicos, culturales y sociales. No necesitamos funcionarios que promuevan los desmontes ni el uso de agrotóxicos, como los (ex) ministros nacionales Sergio Bergman (Ambiente), Lino Barañao (Ciencia), Adolfo Rubinstein (Salud) y Luis Miguel Etchevehere (Agroindustria), algunos luego degradados a secretarios, que crearon supuestas “buenas prácticas” sin fijar distancias para la fumigación y habilitando la utilización de cuestionados agroquímicos. Debemos buscar un modelo que escape a la voracidad del mercado y proteja a los pequeños productores campesino-indígenas.

1). El importante aporte de Salta y Jujuy a la producción de granos de Argentina”. Julio Calzada, Sofía Corina y Blas Rozadilla; Bolsa de Comercio de Rosario, 2018.

2). “La Deforestación del Chaco Salteño 2004 – 20015“. Andrés Leake, Omar Enrique López y María Cecilia Leake; Fundación Refugio; P24.

Fuente:(buufo.com).-

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